Violencia de Género

Intentos de secuestro en el metro de Ciudad de México: cuando el agresor pretende ser la pareja de la víctima

Zúe Valenzuela es solo una de las decenas de mujeres que han sido víctimas de intento de secuestro en la capital mexicana. Se trata de un modus operandi que las hace sentir indefensas, pues al pedir ayuda los agresores suelen gritar frases como: “ya vas a empezar con tus dramas”, para que así los presentes no se entrometan en “asuntos de pareja”.
11 Feb 2019 – 5:32 PM EST

CIUDAD DE MÉXICO.- Zúe Valenzuela vive con un miedo latente desde hace casi un mes. Han pasado más de 20 días desde que un hombre intentó secuestrarla a la salida de una estación del Metro y su vida ya no se parece en nada a la que conocía antes: perdió su independencia. Y aunque intenta continuar con su rutina, camina por las calles con extrema precaución y ya no concibe ir a un sitio sin compartir su ubicación con algún amigo o familiar.

El pasado 15 de enero, Zúe fue abordada por un hombre en la estación del Metro Coyoacán, en el sur de la ciudad. El desconocido trató de meterla a un automóvil por la fuerza, al tiempo que gritaba “no hagas berrinche, ya vámonos”, simulando una pelea de pareja, para que un joven que presenciaba el intento de secuestro no le ayudara.

“Me empezó a empujar y no sabía cómo pedir ayuda. Venía un chico y le grité. Se acercó y me preguntó si conocía al hombre, le dije que no. Entonces el hombre le dijo que yo solo estaba haciendo berrinche, que ya nos íbamos para la casa y que estaba todo bien, dando a entender que yo tenía una relación sentimental con él. Yo solo agaché la cabeza y me puse a llorar porque no sabía qué más hacer para que me creyeran. Entonces el chavo empezó a pedir apoyo y cuando dos personas más se acercaron, el agresor me dijo, ‘bueno ya al rato te veo, vete para la casa’. Yo me quedé llorando”, relató Zúe a Univision Noticias.

El suyo es apenas uno de decenas de casos de intento de secuestro que se han registrado en los últimos meses en la capital mexicana, situaciones en las que mujeres, en su mayoría jóvenes, se han sentido indefensas cuando al pedir ayuda el agresor grita frases como “mi amor ya tranquila súbete al coche todo va a estar bien”, “ya vas a empezar con tus dramas”, “histérica, no me hagas hacer el ridículo” para que los presentes no se entrometan en lo que puede parecer un “asunto de pareja”.


Los casos comenzaron a hacerse visibles a través de 3 denuncias hechas en redes sociales desde el pasado mes de septiembre, pero fue en enero de este año cuando al menos medio centenar de mujeres denunciaron incidentes similares.

En la mayoría de los casos el patrón es el mismo: un hombre ubica a la víctima dentro del metro, la sigue y al salir la toma en contra de su voluntad. Si alguna persona interviene, el agresor asegura que se trata de una pelea con su “novia”. A algunas las han intentado subir a vehículos donde hay más hombres esperando. En todos los casos las jóvenes han logrado escapar gracias a la ayuda de alguien más.

El inconveniente de un secuestro no consumado

Zúe Valenzuela cuenta que cuando logró liberarse de su agresor y volver a casa, se encontraba en estado de shock, con la mirada perdida.

“Cuando comenzaron a llegar mis amigos a la casa, les conté lo que me había sucedido. Fue uno de ellos el que me dijo que eso había sido un intento de secuestro. Yo no entendía la magnitud de lo que me había pasado hasta ese momento. Al día siguiente acudí a la fiscalía a denunciar, pero me cuestionaron sobre si me habían robado algo. Pero no me habían robado nada”, relató.

Las autoridades del Ministerio Público le dijeron que como no la habían secuestrado ni asaltado, no había nada qué hacer y que solo perdería su tiempo emitiendo una denuncia de un delito que no se consumó.

“Me regañaron, me dijeron que si hubiera cooperado y les hubiera dado el celular y la mochila, no me hubieran querido llevar. Entonces decidí que no importaba y realicé la denuncia. Volví muy enojada a mi casa y para tener claridad de lo que había pasado escribí un relato de lo que me sucedió y lo publiqué en mi cuenta de Facebook. Lo hice pensando en mis amigas, porque si me había pasado a mí, podía pasarles a más personas”, cuenta.


A las pocas horas, la publicación comenzó a hacerse viral y muchas mujeres le escribieron para compartirle experiencias similares. Sin embargo, pese a que las denuncias en redes estaban siendo retomadas por medios de comunicación y miles de usuarios, las autoridades aseguraron que en “ninguna de las 195 estaciones de la red del metro se tenían registros de denuncias asociadas a intento de secuestro”.

“Yo sentí frustración porque no somos mentirosas y no sabía por qué no se estaba investigando nada. Por la psicosis que se ha estado generando entre muchas mujeres, ya hay recomendaciones sobre compra de navajas, gas pimienta y clases de defensa personal, cargando la responsabilidad a las propias mujeres de su seguridad. Estaba muy enojada porque después de que denuncié, nadie se acercó a mí para brindarme apoyo psicológico ni ningún tipo de acompañamiento”, dijo.

Sin embargo, el jueves 31 de enero Zúe fue contactada por la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum y sostuvieron una reunión. Fue la única víctima en ese encuentro. Horas después, la fiscalía local emitió un comunicado en el que reconocía su error al clasificar mal las denuncias, pues sí había numerosas acusaciones presentadas formalmente en los ministerios públicos.

Hasta el pasado jueves, las autoridades habían iniciado 11 carpetas de investigación por delitos cometidos en estaciones del metro siguiendo principalmente el de tentativa de privación de la libertad. Además, una persona ha sido detenida por intento de secuestro y dos más por acoso.

Las agresiones suceden en todas partes de la ciudad

Desde otra trinchera, durante los días en los que la información surgía desordenada en redes sociales y las autoridades aún no aceptaban la existencia de denuncias, un grupo de mujeres decidió crear un mapa virtual para señalar los puntos geográficos donde esos ataques son más recurrentes, como una forma para advertir a otras mujeres.

Una de las creadoras de este mapa virtual es Sandra Barrón, una joven diseñadora y desarrolladora de 32 años, quien al leer la ola de denuncias en rede sociales, se alió con Alejandra Padilla, directora del sitio de periodismo de datos Serendipia con la idea de sistematizar la información.

“Le dije estoy viendo muchos testimonios, no están sistematizados así que creo que podríamos hacer un mapa. Ella generalmente hace el análisis de datos y yo genero la información. Empezamos a hacer esto y en el camino se nos unió Dana Torres que es una activista por la movilidad con perspectiva de género en temas de urbanismo y nos sugirió pensar las características del espacio donde estaban pasando estos intentos de secuestro”, relató a Univision Noticias.

El resultado fue masivo, pues hasta la fecha muchas mujeres siguen enviando sus testimonios a través de un formulario donde detallan las fechas, lugares y un relato de lo sucedido. Algunas de las denuncias se remontan hasta los años 90.


“En menos de 24 horas teníamos ya más de 100 testimonios. Lo que publicamos en Seredipia fue un trabajo que se hizo en menos de 24 horas y a la fecha hay más denuncias que no hemos sistematizado, hicimos un corte el jueves, pero el viernes ya teníamos 180 respuestas”, señaló.

Barrón señala que el ejercicio arrojó información poco alentadora, pues se dieron cuenta que el modus operandi no es nuevo, pero no fue hasta estos meses cuando hubo más visibilización. Además, al tratar de identificar puntos geográficos de alerta, observaron que en todas las zonas de la ciudad se han presentado estos incidentes.

“Es en todos lados, en todas las calles, en todas las colonias y me parece muy preocupante, es algo que sí me sorprendió y alertó mucho”, señaló.

Los datos arrojaron que los horarios de mayor incidencia son de 2 a 3 de la tarde y de 8 a 9 de la noche, en casi 20% de los casos hay tres o más agresores involucrados y casi la mitad ocurrió en 2019. De las 131 denuncias públicas recabadas en este ejercicio, sólo el 14% denunció y, de éstas, el 97% no procedió.

Volver a la rutina con un miedo latente

En el formulario también se preguntó a las víctimas sobre las consecuencias físicas durante la agresión, pues muchas de ellas fueron golpeadas en un intento por ser sometidas. Sin embargo, Sandra detalla que se plantearon seriamente incluir los efectos menos visibles pero más duraderos: las secuelas emocionales.

“La mayoría de estas mujeres ya no quiere salir de su casa, le da miedo subirse al transporte público. Tuvieron que cambiar por completo la forma en la que se movían en la ciudad. Generaron mucho miedo de hacer sus actividades diarias, eso me parece que es una estrategia de terror que deberíamos estar atacando”, señaló.

Después de su experiencia, Zúe sigue haciendo su vida normal pero con miedo. Por algunos días decidió hacer los trayectos caminando y la siguiente semana volvió a utilizar de nuevo la línea del metro donde fue atacada.

“Todo con más precaución, tengo algunas aplicaciones en las que comparto con mis amigos mi ubicación en tiempo real. Creo que la parte más dura para mí ha sido perder mi independencia porque a mí me gustaba andar por la vida sin contarle nada a nadie de lo que hacía, sin estar dando cuentas. Ahora ya no lo hago. También, lo más duro ha sido mi familia, porque nadie vive aquí”.

En fotos: 12 casos emblemáticos de violencia de género en América Latina

Loading
Cargando galería
Publicidad