Política

¿Qué importa si Trump cree o no cree en el cambio climático?

En una entrevista con 'The Washington Post' el presidente dejó más claro que nunca que no lo convencen años de investigaciones científicas que documentan el cambio climático. El presidente tiene derecho a su opinión, solo que en su caso es peligrosamente importante.
28 Nov 2018 – 12:32 PM EST

El presidente Donald Trump no cree en el cambio climático, en todo caso no cree que sea producto de la acción del hombre.

No importa que por décadas expertos de todo el mundo se hayan puesto de acuerdo en que la actividad humana está causando profundos y peligrosos cambios al planeta y que días atrás un panel de especialistas del propio gobierno ratificara esas ideas. Trump, que dice ser muy inteligente, simplemente no cree que sea así.

“Uno de los problemas de muchas personas como yo, que tenemos muy altos niveles de inteligencia, pero que no necesariamente somos creyentes”, dijo el presidente en una entrevista con The Washington Post durante la cual parece confundir contaminación con cambio climático.


Es una opinión podría decirse que mal fundamentada o mal informada, o en todo caso, contraria a los que saben del tema. En todo caso Trump carece de las credenciales necesarias para contrarrestar la ciencia casi universalmente aceptada.

Como opinión es algo a lo que el presidente tiene derecho, como cualquier ciudadano. Claro que el presidente no es cualquier ciudadano y por eso lo que él piense sobre un tema que le quita el sueño a buena parte de la humanidad puede tener consecuencias peligrosas.

El peso de la palabra

Trump es el jefe de gobierno del país que hasta hace pocos años era el máximo generador de emisiones de gases invernadero (ahora es China) que son señalados como los principales responsables del calentamiento del planeta. Por tanto, lo que él piensa termina dándole forma a las políticas que Washington debería adoptar para combatir un fenómeno en el que ni él ni los suyos creen.

“La ciencia es una fundación crítica de una regulación efectiva (…) El foco de la administración Trump en la ganancia a corto plazo basada en el desmontaje de las regulaciones no reconoce la importancia de las regulaciones con base científica”, indica en un artículo publicado en The Conversation Christopher Frey, exdirector del Comité de Asesores Científicos de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA).

El presidente expresó su incredulidad en la ciencia pocos días después de que el gobierno que preside presentara el informe que recabó en los últimos cuatro años, la Evaluación Climatológica Nacional, en el que se advierte que si no se actúa para detener el deterioro ambiental, EEUU va a padecer graves consecuencias.

El menú catastrófico que ofrece la evaluación es nutrido: reducción del acceso al agua, aumento de los niveles del mar y consecuentes daños a la infraestructura en las regiones costeras, epidemias, agravamiento en intensidad y frecuencia de desastres naturales debidos a huracanes, inundaciones e incendios. Todo a un costo de billones de dólares para la economía nacional.


La posición oficial de la Casa Blanca es que se trata de un escenario “extremista” y su desdén por los hallazgos quedó patente cuando decidió publicarlo justo el viernes después del Día de Acción de Gracias, el feriado más importante del país, durante el cual menos gente de lo habitual está pendiente de las noticias. Menos aún de las malas noticias.

Si esa era la idea parece no haber funcionado porque, de acuerdo con el conteo del Columbia Journalism Review de la Universidad de Columbia, el sábado unos 140 medios publicaron destacada la noticia, mientras los canales de cable reseñaban el reporte, aunque esa cobertura podía variar en enfoque o espacio de acuerdo con la filiación política de las televisoras.

La ONU advierte y acusa

El martes, cuando el presidente compartía con The Washington Post sus opiniones sobre ciencia y medio ambiente, Naciones Unidas presentó su reporte anual sobre emisiones de gases invernadero advirtiendo que los países no están cumpliendo con la meta de reducción que permitiría llegar a la meta de limitar el aumento de la temperatura global a 2 grados Celsius en comparación con los registros de la era preindustrial que establece el Acuerdo de París de 2015.

El informe indica que de seguir el actual ritmo de emisiones, para 2100 la temperatura habrá aumentado un promedio de 3.2 grados Celsius, lo que tendrá graves impactos en la salud de la humanidad y la economía global.

Este año, el trabajo de la ONU no se limita a constatar lo que se haya hecho o no para cumplir los compromisos de París, sino que adjudica responsabilidades a algunos países, sobre todo EEUU.

“Existe una tendencia de algunos ciudadanos de cuestionar los problemas si las políticas para solucionarlos desafían su visión del mundo”, dice el reporte.

En lo que bien podría leerse como un mensaje dirigido a Trump y su equipo, por primera vez en los nueve años que se elabora este informe, la ONU advierte que la coordinación contra el cambio climático está en riesgo porque no hay “actores económicamente racionales” que siempre se había asumido.

Contra las regulaciones

La insistencia de la Casa Blanca de reflotar la producción de carbón en los estados mineros o reducir los subsidios al desarrollo de fuentes de energía “limpias”, al mismo tiempo que se favorece el uso y producción de combustibles fósiles o la reducción de los estándares exigidos a las automotrices para limitar la emisión de los vehículos que producen, puede servir de ejemplo.

Simultáneamente, el gobierno de Trump ha desmontado estrictas regulaciones dejadas por la EPA en tiempos de Barack Obama para el control de emisiones de autos o la polución que pueden generar fábricas y otras instalaciones.

El gobierno se ha convertido en el principal promotor de las quejas de industriales y productores de que las normas “complican” los negocios.

Scott Pruitt, el primer jefe de la EPA nombrado por Trump era el mismo que como fiscal general de Oklahoma presentó demandas contra el gobierno federal por esas regulaciones, con argumentos que se hacían eco de las quejas de la industria. Pruitt estuvo el tiempo suficiente en el cargo como para anular muchas de esas regulaciones.

Si el presidente no presta atención al informe que presentó su propio gobierno (en parte argumentando que empezó a hacerse bajo el mandato anterior) mucho menos lo hará con el de la ONU.

Recordemos que en junio de 2016, con pocos meses en la Casa Blanca, Trump retiró a EEUU del Acuerdo de París y aunque ese retiro no se concretará hasta 2020, dejaba claro lo que pensaba el nuevo gobierno de la ciencia y la política para combatir el cambio climático.

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