La Tinta Indiscreta | Sintiendo al emocionante Jürgen Klopp

El técnico alemán transmite no sólo conocimientos, sino también valores aún más importantes, como energía, sentimientos y liderazgo.
Opinión
Cofundador y director editorial de Juanfútbol.
2018-04-13T15:08:33-04:00

Hace un par de semanas estaba en una reunión en las oficinas de Instagram México y me preguntaron que cuál era el tipo de información que publicábamos en esa plataforma. Antes de responder directamente y describir nuestra estrategia, preferí definir mi postura sobre el consumo de contenidos digitales en nuestros tiempos. “ Hoy no se comparte información, se comparten emociones”.

Klopp es eso. Una emoción. Una explosión de sentimientos. Una fábrica de sensaciones. Un promotor del éxtasis. Una caja de energía. Se divierte y se ríe. Se enoja. Sufre y llora.

En 2004, cuando entrenaba al Mainz de la Bundesliga, se llevó a su equipo una semana cerca de un lago en Suecia en donde no había comida ni electricidad. “Éramos como Brave Heart. Podías clavarme un cuchillo y no lo sentía. Volvimos a la Bundesliga y la gente no podía creer lo fuertes que estábamos”, dijo Klopp al diario The Guardian.

Sólo a un loco sensible y sentimental se le ocurriría que una dinámica como esas podría fortalecer el juego y la mente de sus jugadores. Pero esas estrategias lo describen perfectamente. “ Ellos son amigos míos, pero yo no soy amigo de ellos”. Si esto no define a un líder muy particular que es capaz de trasmitir a sus subordinados un sentimiento puro para generar empatía, pero sabiendo que ese sentimiento nace a partir de una estrategia de liderazgo, no sé qué lo pueda definir.

Si Mourinho se presentó como 'The Special One', Klopp lo hizo siendo 'The Normal One'. “No enseño videos porque no copiamos estilo”, dice Jürgen. Y es verdad, su Liverpool cambió radicalmente su forma de juego a partir de su llegada.

Lo más emocional que tenía ese equipo era su himno, el You’ll never walk alone, el mejor del mundo, casi insuperable, pero el Liverpool no tenía una conexión emocional entre lo que proyectaba con su letra y lo que interpretaba en el campo.

Klopp le dio uniformidad. Hizo que el Liverpool transmitiera sentimientos, que contagiara de emociones a sus aficionados, que emocionara a los rivales, que embelleciera el futbol, que la gente consumiera exaltación, agitación, sensibilidad.

Y hoy está en semifinales de Champions. Quitando al Arsenal, era el equipo inglés con menos esperanza de llegar lejos. Se había ido su mejor jugador al Barcelona y su presupuesto no le permitía competir contra los grandes de Europa, pero Klopp había compensado esas carencias con esa sensibilidad única que lo caracteriza.

Porque un hombre sensible siente por dos, en las buenas y en las malas. Sufre como pocos pero festeja como nadie. Klopp es un sentimiento y ha hecho del Liverpool un sentimiento que contagia. Klopp es el genio de la retórica, el intérprete de los sentidos, y el entrenador de las transiciones eléctricas.

A su Liverpool le gusta el vértigo. Se alimenta de él. Le gusta asomarse al precipito. Prefiere recibir cuatro goles y marcar cinco, que empatar a ceros. Es un equipo vibrante, eléctrico, que puede ir abajo y se levanta aún teniendo una sola mano para no caerse al barranco.

Eso es gracias a Klopp, el buen alemán, el que desmiente el estereotipo frío del germano común, el que siente como latino pero piensa como bávaro, el que se hace pasar como amigo de los futbolistas para mantener el equipo unido y en la soledad se toma un whisky para calmar su sensibilidad inagotable.


RELACIONADOS:LiverpoolOpinión Deportes
Publicidad